La vida es más fácil si se mira desde un punto de vista rosa y de peluche

viernes, 27 de marzo de 2009

Madrid, Campo de Exterminio

-Todavía hay quien piensa que recordar la Memoria Histórica de los españoles es un error, que sólo servirá para abrir heridas cerradas... aunque yo pienso que hay heridas que nada puede cerrar nunca del todo. Este libro del que os hablamos hoy es una tirita para una de esas múltiples heridas que deja una guerra en las personas que la viven. Lo ha escrito un vecino nuestro, Juán Gálvez Espinosa, y la publica ahora, a sus ochenta años, en memoria de sus padres (que estuvieron encarcelados durante varios años en la posguerra, desde 1939) y de dos de sus hermanas, que murieron durante los años posteriores al terrible conflicto. Las guerras son siempre terribles y deshumanizadoras, pero cuando los que la sufren son los niños, se convierten en algo aún más terrible. Juan era un niño de siete u ocho años al inicio de la guerra, un niño muy despierto que estaba al tanto de todo y no parecía perderse nada... en fin, un niño que, con sus padres encarcelados por sus ideas políticas contrarias a los vencedores, se marchó de su pueblo y acabó por azar en un campo de concentración de Madrid, al que iban vagabundos y personas condenadas a pasar más hambre aún que los que estaban en la calle. Este libro duele al leerlo, porque uno no llega a creerse nunca del todo que puedan pasar estas cosas en el mundo, aunque las vea delante de él todos los días. Bonito libro el de Juan y doloroso, muy doloroso, espero que sus padres estén sonriendo mientras se sienten orgullosos de este chaval de 80 años.

-Lo has dicho tú todo, yo sólo puedo decir que me ha gustado mucho y que espero que lo lea mucha gente, pues habrá quien se vea reflejado, tanto en los ojos de ese niño como en el otro punto de vista... aquéllos que añoran una época que debería ser una vergüenza para todos.

-Este libro me sabe a rabia contenida, a humillaciones y a penas, a hambre, a dolor y a palabras jamás expresadas en voz alta, me sabe a cabeza oculta bajo los hombros y al fin, a un GRITO DE LIBERTAD. Ojalá no tenga que leer tantos libros de penas para darme cuenta de lo tristes y asquerosas que son las guerras.
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